Apple y la herencia de un valor añadido que no debe desaparecer

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Como diría el bohemio y poeta Joaquín Sabina, “nos sobran los motivos” a la hora de elegir un producto de la marca Apple.

Dentro de los muchos que se puedan tener, la perpetuidad de los equipos a un nivel de funcionamiento óptimo o mínimamente decente hasta el día de su fin de soporte es, sin duda, uno de los más importantes.

El efecto de pertenencia

Es sencillo, y es uno de los efectos positivos del aura que rodea a Cupertino. Se basa en el hecho de ser tan parte de la marca tengamos un iPhone X o un 5s, un MacBook de mediados de 2011 o la máxima configuración del Pro de 2016, y eso sin duda gusta.

La obsolescencia programada es esa nube gris que se forma sobre dispositivos que van cumpliendo años y cuyo soporte comienza a ponerse en entredicho. Esta sería la tónica general en cualquier marca ajena, y es esa garantía un ingrediente indispensable de la esencia pura de Apple.

La salida fácil no es una opción Apple

Y me refiero obviamente a comprar uno nuevo, la única solución que podríamos adoptar con terminales de otros fabricantes que no debe ni plantearse en Cupertino. Contar con la posibilidad de estar tan contentos como el primer día con nuestros dispositivos de más de 3 años es una garantía de elección.

Este punto es tan posible como real, porque no todo se supedita al rendimiento. Estamos de acuerdo que el 100% de las características de un sistema nuevo que además llega de la mano del último dispositivo de la marca, no va a ser adecuado para un producto muy antiguo.

Adaptar los contenidos no es un trabajo desconocido para Apple, incluso me atrevo a decir que tampoco complicado ni excesivamente costoso.

La excusa del catálogo, que nunca será excusa

Por una sencilla razón que entenderéis rápidamente con mi particular división generacional por arquitectura y posibilidades.

  • Grupo 1: La era Bionic
  • Grupo 2: La era pre-Bionic
  • Subgrupo 2.1: La generación multicore>2
  • Subgrupo 2.2: La generación dualCore 64bits.

Todos conocemos el A11 y sus capacidades, la llegada de un cambio de arquitectura y el intento de adaptar sin adaptar ese software a dispositivos de menor potencia y sin elementos dedicados, ha causado todo el revuelo que venimos viendo desde la presentación de iOS11.

El A10 Fusión, un QuadCore que aguanta el tipo ante los embistes de este cambio a base de fuerza bruta, y cuya compatibilidad con Metal 2 le hacen soportar el trabajo extra que supone el último sistema. Aun así, sostengo que tiene el problema enmascarado bajo un esfuerzo extra que mantiene el procesador a niveles de trabajo más alto de los habituales, y que a la larga terminará pasando factura.

La era dual core 64bits es clara, 5s, 6 y 6s con los plus correspondientes, tres generaciones que perfectamente podrían entrar en un mismo trabajo compartiendo versíón. Fuertemente compatibles entre sí, no encontramos variación más allá de la mera potencia y que podrían correr sin problema iOS11 sin Machine Learning. Simplemente recibiendo kernel (con parches de seguridad) e interfaz, supondría una actualización más que digna y funcional al fin y al cabo para estos últimos supuestos.

La alternativa de las firmas

Poder decidir dónde bajarnos del carro es una de las opciones que más se ha solicitado a Apple en los últimos tiempos. La excusa es sencilla, la filosofía de no trabajar en versiones obsoletas para no hacer un esfuerzo por tapar un jailbreak o cualquier otro problema, obligando a los usuarios a no bajar de versión.

Pero este problema tiene una pega adjunta en la que no muchos podrán pensar, y es que el desarrollo que queda irremediablemente condenado al uso de emuladores para realizar tests en versiones anteriores en un dispositivo físico, lo que sigue siendo una pregunta sin respuesta pro parte de Cupertino.

El peligro de diluir las garantías de satisfacción

La competencia está haciendo su trabajo, que es trabajar duro para intentar ser mejor cada día, que si unimos a un descenso de la satisfacción de nuestro fabricante favorito, nos arroja una serie de parámetros que no queremos asimilar.

El hecho de que “otros son peor”, no puede ser el punto de apoyo donde hacer palanca para sustituir un equipo que sería totalmente válido. El valor añadido que reza el título es básicamente la aceptación de realizar un desembolso muy importante de dinero sobre un producto por el simple hecho de que va a durar más y a muy buen nivel.

Si bajamos ese listón, un leve movimiento en positivo de los demás moradores del mercado puede dejar sin argumentos de elección a favor de lo que siempre ha sido, hoy es por lo que fue y podría no ser en el futuro. La inercia de esa caída sería muy complicada de frenar cuando hablamos de recuperar la confianza de clientes que asimilan periodos de 4-5 años antes de renovar por uno nuevo.

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