iOS12, el cambio de filosofía es una realidad

Como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga, y es que a veces la vida se asemeja a cualquier linea de tiempo, incluso una carrera tecnológica.

La última versión oficial del sistema para iPhones e iPads de Cupertino ha supuesto un cambio tan drástico en tantos sentidos que sin saberlo ha cambiado el rumbo de una de las compañías más grandes y potentes de la industria de movilidad.

Nos cambió la forma de entender la IA

La inteligencia artificial no es una moda pasajera, sino una realidad que ha llegado para quedarse. La novedad más importante en iOS11 ha sido sin duda el MachineLearning con todo lo referente a DeepLearning, el aprendizaje automático y la implantación de redes neuronales complejas. Los aportes funcionales son asombrosos, pero causaron estragos en los modelos antiguos que contaban con solo dos núcleos de CPU, ya que el iPhone 7 con su A10 aguantó el tipo a base de fuerza bruta.

Nos dejó la mente llena de dudas

Simple y llanamente porque las razones y argumentos que habitualmente nos han hecho decantarnos sin ningún tipo de cuestión al respecto que pudiera invitarnos a pensar en elegir otra cosa que no sea un producto Apple. La fluidez y buen funcionar que engalana la marca fue alcanzada por la competencia y en muchos casos superada peligrosamente. El principal problema es que lo hacían de la mano de no solamente terminales de precio equiparable, sino de esos modernos chinos que amenazan con hacerse con el mercado.

Los usuarios verdaderamente no sabemos lo que queremos

Y no lo digo en sentido metafórico, sino real. La mayor parte hemos sido engatusados con el marketing que empuja la carrera absurda del resto de fabricantes por lanzar al mercado cientos de novedades cada año, tanto hardware como software.

Han conseguido “deseducar” a los usuarios de iPhone en su paciencia y en valorar el hecho de que las actualizaciones y novedades son más largas de lo que otros nos quieren vender. Pero no solo por tiempo y esfuerzo, sino porque lo que tenemos en la mano funciona escrupulosamente bien y lo que ha de llegar debe ser cuasi perfecto como poco.

Las nuevas generaciones vienen o han sido contaminadas por ese ciclo de cambios y han conseguido empujar a la marca a esa escorrentía que arrastra a su paso hacia la destrucción de una filosofía adecuada.

El cambio de rumbo a un toque de timón

Lo prometido es deuda, y una señal más de que Apple puede ser doctrina y adoctrinada, y sobre todo los que más escuchan a sus consumidores. Menos novedades, más estabilidad, más calidad, mejores productos y un “back to the basics” en toda regla. Fiel a sus principios pero flexible y alerta, iOS11 fue un grito de socorro emitido en forma de reversionado constante, y es que vamos por la cuarta actualización.

No lo digo, lo hago

No hay más argumento que lo recogido en las impresiones. La primera beta de iOs12 ha sido lanzada y dejando un lado los típicos fallos de beta, ha producido la misma reacción pero en sentido contrario que su antecesor. Son todo halagos, los iPhone 5s son compatibles convirtiéndole en el smartphone más actualizado de la historia. Nada menos que 6 años de soporte, el doble que Google ofrece con los Pixel como nueva política. Los iPad mini 2 y 3 resurgen de sus cenizas y salen de los cajones donde estaban cogiendo polvo por ser totalmente inutilizables.

Los ingenieros reciben un feedback perfecto, el de la satisfacción de los consumidores alegres de ver como sus dispositivos vuelan donde antes se arrastraban incapaces de dar una experiencia adecuada.

Volvemos a los orígenes

Y nos alegramos tanto que nos regresa la pasión y confianza, volvemos a poder acceder a dispositivos antiguos si no queremos gastar tanto dinero y disfrutar una experiencia igual que si fueran nuevos a la vez que vemos a los más actuales volar como verdaderas bestias haciendo las maravillas que se nos ocurran.

Lo que hoy se retrasa, mañana será mejor, no tengáis prisa, no pidáis navegar por un mar de fallos por exigir más en tan poco tiempo y seguid la primera norma de ingeniería, “si funciona, no lo toques”.

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